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Qué hacer con estos pedazos, novela que refleja la violencia machista

Qué hacer con estos pedazos, novela que refleja la violencia machista

‘Qué hacer con estos pedazos’  o el impacto del silencio violento

Por: Ayda María Martínez / Redacción Bogotá
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La remodelación de su propia cocina se convirtió en la génesis de una historia que la escritora Piedad Bonnett usa para ambientar la crisis soterrada al interior de los matrimonios. Escribir esta historia en medio de la pandemia, le adicionó elementos que no pudo evitar para lanzar un grito contra las violencias machistas, a través de ‘Qué hacer con estos pedazos’, su más reciente novela. 

¿Cómo llega a la historia?
La remodelación de mi cocina fue el resorte que me llevó a articular la novela. Con sus cosas chistosas, trágicas y grotescas porque era una casa en total desbarajuste que no terminaba. Es todo el caos generalizado porque toda la casa se remueve cuando la cocina está en suspenso. 
Y le sirvió para articular otros elementos...
Me di cuenta que lo podía usar para hablar de algo que me interesa mucho y es lo que pasa soterradamente en la familia, que está muy idealizada, pero sobre todo, que hay cosas de las que no se hablan para no romper ese mito: las violencias internas, los desacuerdos entre hermanos, las relaciones tensas con los hijos, todo eso se vive en mucho silencio.


¿Por eso hay al menos tres generaciones?
Está representado en los abuelos, los protagonistas que están en los 60, la hija que está en los 30, estoy hablando de tres generaciones y del matrimonio como una institución que no acaba, que se perpetúa y está llena de tantos malos manejos y no evoluciona. 
Y ahí aparecen las violencias machistas
Estoy hablando de machismos, de grandes violencias misóginas, pero sobre todo, de las pequeñas violencias cotidianas en los hogares y esto tuvo que ver mucho con lo que paso en pandemia.

¿Qué influencia tiene?
Yo empecé a escribir la novela poco antes de empezar la pandemia. Se me ocurrió lo de la cocina y llegó el confinamiento. Pasó que las empleadas se fueron a sus casas y nos dimos cuenta de su importancia, su trabajo, su sacrificio y lo que una casa le debe a estas mujeres. Lo otro fue que nos relacionamos con la casa de formas diferentes al tener que asumir el aseo de la casa, cocinar, lavar o tener que limpiar y eso nos puso en contacto con lo que hay en una casa. 


¿Qué encontró?
Como me interesa lo que pasa en el mundo de las clases medias, se evidenció el derroche. La pandemia nos mostró tantas cosas inútiles en la vida. Empezamos a vestirnos con lo mismo y a prescindir de muchas cosas. Además se nos puso enfrente la posibilidad de la muerte versus la frivolidad de la vida.
 

¿Cómo lo incorporó?
Tengo una biblioteca gigante que termina siendo un lastre porque ocupa mucho espacio y empecé a podar la biblioteca, el tema se incorporó en la novela. La pandemia me nutrió de pequeños detalles y temas, a lo que se suma que la violencia intrafamiliar empezó a salir en  los periódicos. La coexistencia obligada, todo  eso medio material.
 

El tema de las violencias se evidencia mucho..
En la novela trabajo las grandes violencias, incluido un feminicidio, y es una realidad que ya se hizo evidente con cifras pero que no cesa: las mujeres atacadas con ácido, las asesinadas por su expareja... Quise que ese machismo estructural a esta cultura, que hace que los hombres sientan ‘la dueñidad’, se mostrar en toda su dimensión, inclusive en el mundo indígena, que se evidencia en la periodista que llega a cubrir una noticia en una comunidad. El sometimiento a la mujer llega hasta estos mundos.
Ese cerco que el hombre le pone a la mujer y no se evidencia con violencia física, sino  psicológica, son los silencios castigadores, una indiferencia por el otro. Eso que tantos matrimonios padecen y que padecieron nuestras madres y abuelas en matrimonios con hombres indiferentes, el macho proveedor que creía que podía hacer lo que le daba la gana y no aportar en las labores domésticas. 

Pese a grandes logros del feminismo 
Me interesa mi generación, que abrió la brecha de la liberación pero no alcanzó los niveles que pensamos que iba a tener. Nos adueñamos del mundo en el sentido de que somos activas laboralmente, controlamos la natalidad, queremos el aborto, es decir muchos derechos fundamentales, pero hay una cosa atávica que hace que las mujeres se pongan los límites. Te lo describo en un ejemplo: tengo que irme para la casa porque mi marido debe estar por llegar... es como un mandamiento que no logramos desterrar y tiranías de los maridos que no han logrado ponerse al día con las necesidades de las  mujeres que ya avanzaron. Son cosas muy escondidas y misóginas. 


Y eso nadie lo quiere reconocer
Puede ser que las realidades que pinto sean incómodas, pero de eso se trata la literatura, de incomodar para transformar las mentalidades. Eso es lo que queremos hacer los escritores.